Pak-Ho P'epp

Un pofesional.

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Bio:

Pak-ho: The Origins

El pequeño Pak-hito nació y creció en una aldea Gith escondida en las montañas de su tierra llamada Tahl’avr-ah l’Are-hal. Su aldea era famosa por varias cosas:

  • Estaba situado en un entorno natural privilegiado.
  • Su artesanía tenía fama internacional, interespacial e intertemporal (especialmente su por alfarería y sus dulces típicos).
  • Era la Base Principal del gremio de Asesinos del pueblo Githerai.

Todo esto convertía a Tahl’avr-ah l’Are-hal en un ansiado destino turístico. Pronto, la pequeña aldea se vio inundada de turistas y, por supuesto, de clientes buscando manos diestras que “liquidaran” sus asuntos. Tahl’avr-ah l’Are-hal era una aldea próspera.
Sus padres eran respetados miembros de la comunidad y, siendo su madre (Jüa-nah) maestra de Ocultación en la Academia de Asesinos y su padre (Ra-mmón), regente de una de las armerías más afamadas de la aldea, Pak-ho no podía sino seguir la tradición familiar e ingresó en la Academia de Asesinos a la tierna edad de 4 años.
Pronto, aquel muchachito tímido y callado, empezó a despuntar entre sus compañeros. Sin duda había herdedado la habilidad de su madre para la ocultación entre sombras. Incluso muchos decían que la luz disminuía cuando Pak-ho entraba en un cuarto. Los que le envidiaban empezaron a decir que era Emo. Nada más lejos de la realidad. Pak-ho era feliz. Absolutamente feliz. Disfrutaba estudiando las artes asesinas, aprendía rápido y bien y sentía verdadera pasión por el trabajo de su padre al que ayudaba en la creación y selección de los productos siendo el referente tecnológico en no sólo en Tahl’avr-ah l’Are-hal o en Gremio de Asesinos, sino en varios planos comerciales diferentes.
Así fue cuando un día llegó el momento en que debería probar sus habilidades para convertirse, oficialmente, en un Asesino Colegiado.

El campeonato de artes marciales

Cada X tiempo (el caos elemental es lo que tiene, que nunca se está seguro de nada) se celebra un campeonato de artes marciales en el que gentes de todo tipo de planos, razas y condición se reunen para probar de manera deportiva y sana sus habilidades en la lucha cuerpo a cuerpo. Allí Pak-ho conoció a todo tipo de personajes, de su raza y de otras muy distintas. El objetivo era quedar, como mínimo, semifinalista. Así lograría su carnet homologado de miembro colegiado del Gremio de Asesinos.
Aquel campeonato cambiaría su vida.
No sólo le abrió las puertas a un mundo (en realidad a varios) que no conocía, sino que además descubrió Intenn-é, un hechizo que le permitía acceder a todo tipo de información y de tiendas en todo tipo de planos de existencia. Con un simple instrumento mágico ligero y transportable llamado Ay-päth y unas palabras, tenía al alcance de su mano y de su bolsillo, cualquier tipo de equipamiento puntero que deseara. El problema: su alto precio.
Un comerciante de Ay-Päths llamado Mackintos que se había quedado muy impresionado en las primeras jornadas del campeonato con las habilidades del chaval, decidió probarlo en un trabajo que llamó “beca de prácticas” y que recompensaría con uno de sus artefactos mágicos. Pak-ho aceptó sin pensar. La motivación era máxima, sus técnicas de ocultación inmejorables. El trabajo (matar a un tal Güin Doush) fue resuelto con tal calidad que Mackintos le dio su recompensa más acceso a su tienda astral Ay-Tünes de manera vitalicia.
Pak-ho había empezado de manera brillante y casi por accidente, su carrera profesional.

Un pofesioná

Desde aquel momento Pak-ho no dejó de trabajar. Con un primer cliente tan importante, no le faltaron los trabajos ni los padrinos. Siempre fue un asesino discreto y eficiente. Era la sombra de la muerte. Sus enemigos le conocían como “Oh… no” y no se le conocían puntos débiles.
Excepto uno. Su Ay-Päth. Su necesidad casi física de conseguir el último armamento especializado le hacía un asíduo de las tiendas de Intenn-é. Quizá demasiado. Sus facturas se contaban por decenas y siempre tenía algún plazo pendiente que no dejaba de pagar puntualmente (Quien paga descansa, decía su padre). No dejaba de trabajar porque tenía muchos clientes, pero no dejaba de trabajar porque realmente no podía dejar de pagar sus facturas.
Su lógica era simple: Mejores armas para mejores asesinatos. Mejores asesinatos para mejores clientes. Mejores clientes para más paga. Más paga para mejores armas.
Con apenas 30 años su camino había sido largo e intenso. Un consumismo tan acusado sólo podía mantenerse a base de una obsesión casi enfermiza por el trabajo. Había mejorado tanto con el paso del tiempo que sin casi darse cuenta se había colocado en nivel 11.

Y así, tímidamente, con constancia y buen hacer, se había hecho un nombre en el Gremio. Sus padres podrían estar orgullosos.

Pak-Ho P'epp

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